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Coqueteo y mensajes secretos son considerados traición, dice la psicología

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Para muchas personas, la traición en una relación amorosa ocurre cuando hay beso o sexo con otra persona sin el consentimiento de una de las partes implicadas. La cuenta parece simple. Sin embargo, según la psicóloga, sexóloga y especialista en relaciones no monógamas Marina Rott, también existen otros comportamientos, como coqueteos e intercambio de mensajes, que se consideran infidelidad. Muchas veces ni siquiera es necesario que exista contacto físico.

La experta define la traición como algo que sucede “cuando una persona inicia un compromiso emocional y romántico con alguien que no forma parte del acuerdo, aunque no exista necesariamente contacto sexual”.

No es preciso que haya relaciones sexuales para que se considere una “pulada de cerca” o infidelidad. Marina Rott enumera cinco comportamientos tan perjudiciales como el sexo o el beso con otra persona:
– Coqueteo prolongado;
– Intercambio de mensajes secretos;
– Noviazgo emocional paralelo;
– Desarrollo de intimidad afectiva con otra persona;
– Creación de una especie de “segunda relación” en secreto.

“Esto vale tanto para parejas monógamas como para relaciones más abiertas o flexibles. Si el pacto es de exclusividad, romperlo supone una traición. No obstante, en cualquier modelo, la mentira y la falta de transparencia también pueden corroer el vínculo”, advierte la especialista.

Marina Rott apoya la teoría de que las personas poseen una orientación relacional, es decir, “una forma propia de experimentar el afecto, el deseo y la exclusividad”.

“Cuando alguien se empeña en adaptarse a la fuerza a un modelo que no coincide con su manera de amar, el riesgo de conflicto aumenta. Y, en ese contexto, la traición puede surgir no solo como un acto, sino como un síntoma de una relación mal ajustada”, añade.

En las últimas décadas, la psicología de las relaciones ha ampliado la definición de infidelidad más allá de los encuentros sexuales. La infidelidad emocional, por ejemplo, abarca situaciones en las que uno de los miembros de la pareja desarrolla un vínculo íntimo o romántico con un tercero sin incluir necesariamente lo físico. Este fenómeno ha sido objeto de varios estudios que indican que las heridas provocadas por una cercanía emocional ajena al vínculo principal pueden ser tan profundas como las causadas por una infidelidad sexual.

La monogamia, entendida tradicionalmente como la práctica de mantener una única relación amorosa o sexual exclusiva, ha sido el modelo predominante en muchas sociedades. Sin embargo, existen modalidades de relación no monógama —como las parejas abiertas, el poliamor y la monogamia relacional flexible— que permiten acuerdos personalizados sobre la exclusividad sexual y emocional. En todos estos casos, la clave para evitar conflictos reside en la comunicación clara y el respeto a los pactos establecidos.

La investigación en terapia de pareja sugiere que la confianza y la transparencia son pilares fundamentales para la estabilidad de cualquier relación. Cuando uno de los miembros actúa al margen de lo consensuado, se pone en peligro la seguridad afectiva del otro, pudiendo generar sentimientos de abandono, engaño y baja autoestima. Los profesionales recomiendan la elaboración de acuerdos explícitos sobre qué comportamientos se consideran lícitos y cuáles representan una violación de la confianza mutua.

Además, el término “traición afectiva” o “cheating emocional” se ha incorporado al vocabulario tanto de terapeutas como de personas que buscan entender sus propias relaciones. Las plataformas de autoayuda y las consultas con especialistas ofrecen herramientas para identificar señales de advertencia, establecer límites y promover un diálogo abierto. La educación emocional y la comprensión de las propias necesidades afectivas también juegan un papel esencial en la prevención de conductas que puedan percibirse como traición.

Este enfoque más amplio reconoce que la exclusividad emocional puede ser tan valiosa como la sexual. Por ello, el consenso actual en psicología relacional apunta a considerar como infidelidad cualquier acción que suponga transgredir los compromisos implícitos o explícitos del vínculo, independientemente de si existe contacto físico.

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