Mientras muchos en Brasil afrontan cuestiones más cotidianas, algunos residentes de Estados Unidos se enfrentan a una escena digna de una película bizarra: conejos con protuberancias oscuras en el rostro, en la cabeza e incluso por el cuerpo, que recuerdan pequeños cuernos o tentáculos.
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A primera vista, la imagen resulta impactante. Los conejos, criaturas generalmente percibidas como dóciles y adorables, se convierten en algo visualmente perturbador en varios estados del país. En redes sociales han recibido el apodo de “conejos Frankenstein”, aunque el origen de estas malformaciones es puramente científico y no tiene nada de sobrenatural.
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El fenómeno está asociado al virus del papiloma de Shope, un patógeno que afecta a conejos y liebres provocando el crecimiento de verrugas y tumores, sobre todo en la zona cefálica. En determinadas ocasiones, estas formaciones pueden alcanzar un tamaño y una proyección tales que asemejan ramas, tentáculos o cuernos.
Los avistamientos han cobrado relevancia tras la publicación de fotografías por parte de residentes de Colorado, Minnesota y Nueva York. En el foro Reddit, un usuario escribió: “Nunca había visto algo parecido. ¿Alguien más está viendo conejos infectados en Minnesota?”. Otro vecino de Nueva York comentó en Facebook: “Tuve contacto visual con uno de esos conejos y me arrepentí al instante. Lo notifiqué a las autoridades de fauna silvestre, pero era realmente grotesco”.
Pese al aspecto alarmante, el virus del papiloma de Shope no es un hallazgo reciente. Se lo estudia desde mediados del siglo XX y ha servido como modelo para comprender la relación entre ciertos virus y el desarrollo de tumores malignos. De hecho, la investigación con este virus ha contribuido a avances en vacunología y oncología experimental, ya que permite analizar cómo un agente viral puede inducir cambios celulares hacia la malignidad.
La transmisión entre conejos se produce principalmente a través de insectos hematófagos, como mosquitos y garrapatas, que actúan como vectores. Cuando pican a un conejo infectado y luego a otro, facilitan la propagación de las partículas virales. Por ello, los meses cálidos del hemisferio norte —especialmente verano y otoño— favorecen la multiplicación de estos insectos y, en consecuencia, los contagios entre conejos silvestres.
Desde el punto de vista sanitario, en la mayoría de los casos las verrugas no suponen un riesgo letal para el animal. Según autoridades del Colorado Parks and Wildlife, el crecimiento suele ser inofensivo salvo que interfiera en funciones básicas como la ingesta de alimento o el desplazamiento. Muchos conejos pueden recuperarse y experimentar regresión espontánea de las lesiones.
Las directrices de las agencias de vida silvestre desaconsejan el sacrificio preventivo de los animales con papilomas, reservando la intervención únicamente cuando las lesiones comprometen de manera severa la alimentación o la hidratación. Sin embargo, en algunos casos las verrugas pueden transformarse en carcinomas de células escamosas, complicando el escenario y requiriendo un seguimiento más estrecho.
Para los humanos, no existe evidencia de riesgo de contagio o de desarrollar síntomas similares al cruzarse con uno de estos conejos. Aun así, se recomienda no manipular ni capturar los ejemplares afectados y, en caso de hallazgos, notificar a las autoridades de fauna silvestre correspondientes para su monitoreo y, si fuera necesario, intervención profesional.


