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Método ‘cebo de odio’ en universidades: estrategia de la derecha para viralizar en las redes sociales

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Influencers de derechas usan enfrentamientos grabados en universidades públicas para viralizar en redes sociales (Foto: Instagram)

Políticos e influencers de derechas están utilizando las universidades públicas de São Paulo para crear vídeos de confrontación con estudiantes, con el objetivo de ganar visibilidad en las redes sociales. Alegan que esta práctica busca democratizar el debate en un entorno académico que estaría “dominado por una minoría organizada de izquierdas”.

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Científicos políticos consultados por Metrópoles advierten de que esta estrategia de publicación, denominada “cebo de odio”, se aproxima más a la lógica del caos, alimentada por grupos radicales, que a la promoción de un debate político sano.

Los vídeos siguen un patrón claro: los políticos formulan preguntas provocativas sobre temas sensibles como el aborto o la religión, capturan las reacciones de los estudiantes y convierten el conflicto en contenido viral. Cada confrontación se edita cuidadosamente para maximizar la tensión y el impacto audiovisual.

El concejal Lucas Pavanato (PL), de 28 años, es uno de los más destacados con vídeos grabados en la Universidad de São Paulo (USP). Pavanato acumula 5 millones de seguidores en Instagram y fue el edil más votado de Brasil. En sus episodios, lanza frases como “El aborto es asesinato sentado” o reta a los alumnos afirmando “Demuestra que el gobierno de Lula es bueno y gana 1.000 reales (unos 180 €)”. Estas provocaciones ya han provocado episodios de violencia e incluso procesos judiciales: en una ocasión, Pavanato tuvo que indemnizar a una estudiante con 8.000 reales (unos 1.400 €) por uso indebido de su imagen.

Pavanato sostiene que las universidades públicas han suprimido la pluralidad de ideas mediante los Directorios de Estudiantes y los departamentos de Humanidades. Según él, su propósito con los vídeos es fomentar la discusión y alentar una presencia conservadora en esos espacios.

“A la universidad pública la financian con el dinero de todos, así que no debería ser un privilegio de una minoría de izquierdas. ¿Por qué no puede haber alumnos conservadores en Historia, Filosofía o Filología? Este espacio debe ser ocupado”, argumenta.

Para la politóloga Isabela Kalil, esta estrategia la emplean jóvenes de derechas para crecer electoralmente y “educar” a nuevas generaciones de universitarios.

“Mucha de la audiencia de estos políticos está en la universidad o interactúa con ella. Ofrecen respuestas que, si un estudiante de derechas ve los vídeos, aprende de inmediato qué decir”, explica Kalil.

La investigadora apunta que el objetivo principal de estos políticos e influencers es la viralización, sin importar que la repercusión sea positiva o negativa. El foco está en su propia “burbuja virtual” y en reforzar su base de seguidores.

“No me importa si algunos periodistas lo critican o si militantes de izquierdas difunden una narrativa falsa. En mis vídeos queda claro lo que ocurrió y mi público lo comprende. Siempre están de mi lado”, declara Pavanato a Metrópoles.

El Guardiacivil Municipal y creador de contenido Víctor Ruiz también publica vídeos cuestionando a estudiantes sobre asuntos polémicos. Uno de sus contenidos grabado en la USP alcanzó más de 2 millones de “me gusta” y 125.000 comentarios en Instagram. Aunque su método es similar al de Pavanato, Ruiz asegura que no busca fines electorales, a diferencia de otros, y que su labor responde a una “vocación”.

“Existen influencers y políticos que explotan estos temas para ganar audiencia o beneficio electoral. En mi caso, mi trayectoria profesional demuestra que es auténtico y no un montaje”, afirma.

Independientemente del propósito, la realidad es que nadie actúa de forma improvisada: estos vídeos están guionizados, grabados y editados con inversión en equipos, equipo de producción y transporte para montar todo un espectáculo.

En Brasil, esta dinámica comenzó con el Movimiento Brasil Livre (MBL) en 2014, impulsado por Arthur do Val y Kim Kataguiri. Más recientemente, el activista estadounidense Charlie Kirk inspiró a una nueva generación de derechas brasileñas al abordar temas conflictivos en el ámbito universitario.

Según la politóloga Juliana Fratini, aunque la derecha suele lograr más interacciones en redes, la izquierda también emplea tácticas similares en las universidades, promoviendo la democracia interna. No obstante, Fratini subraya que la agresividad no debería ser el camino.

“La actitud debería ser otra, no confrontar y filmar. Pero la indignación y la violencia generan ‘me gusta’ y curiosidad; la gente quiere ver el choque”, opina la profesora.

Para estos políticos, la universidad es “solo un lugar de estudio”. Pavanato y Ruiz ven los campus como espacios donde se vandaliza el patrimonio y se malgasta el dinero público.

“Se les confronta por mal uso de fondos, vandalismo o delitos; muchas veces pillados con drogas o en orgías. El espacio público debe servir para la productividad, no para fines privados”, critica Ruiz.

“En la USP, los viernes por la noche hay fiestas con drogas y sexo. ¿Para eso pagamos impuestos? ¿O debería ser un entorno para debatir ideas y evolucionar intelectualmente?”, se pregunta Pavanato.

Los estudiantes, en cambio, defienden que el conocimiento se produce en múltiples ámbitos y que la socialización y los foros de discusión conectan la universidad con la sociedad. “La ofensiva de la extrema derecha surge justo cuando hay más estudiantes negros y becados que nunca”, señala Pedro Chiquitti, director del DCE de la USP.

“Cuando cambian los perfiles, la derecha y la élite desprestigian a la universidad. Lo que hace Pavanato es construir una caricatura para alejar a jóvenes de las escuelas públicas del entorno académico”, concluye.

La USP, consultada, subrayó que es “una institución pública, laica y plural, con campus abiertos a la sociedad para la libertad de expresión y el debate de ideas, esenciales en el Estado de Derecho”. Añadió que actúa dentro de los límites legales y que la Guardia Universitaria no tiene facultades policiales, centrándose en la prevención y mediación de conflictos. “La USP no prohíbe el acceso de ningún ciudadano, salvo mandato judicial”, explicó.

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