
Donald Trump durante su discurso en la Casa Blanca (Foto: Instagram)
Según Trump, China obtuvo de forma ilícita unos 220 millones de registros de votantes estadounidenses antes de las elecciones de 2020. Estos datos, que incluyen nombre, dirección, fecha de nacimiento y estado de inscripción, provendrían de bases oficiales gestionadas por jurisdicciones estatales y locales de Estados Unidos.
La información de los electores se compila habitualmente en oficinas electorales estatales, que intercambian datos a nivel federal para la organización del censo de votantes. En ese contexto, la supuesta apropiación de 220 millones de fichas abarcaría prácticamente la totalidad del censo registrado en aquel momento, lo que elevaría la magnitud de la filtración a un nivel sin precedentes.
Para llevar a cabo esta obtención ilícita, según la versión de Trump, se habrían empleado técnicas avanzadas de ciberataques, como el phishing dirigido o la infiltración de servidores de datos sensibles. La infraestructura de respaldo de los registros electorales en muchas ocasiones carece de protocolos unificados de seguridad a nivel nacional, lo que podría abrir brechas aprovechables por actores externos.
El posible uso de esa base de datos permitiría aplicar estrategias de microtargeting y campañas de desinformación con mensajes personalizados enviados a segmentos muy concretos de votantes. De esta manera, China podría orientar sus comunicaciones para generar dudas sobre el sistema democrático o influir en decisiones electorales a gran escala.
Las declaraciones de Trump llegan en medio de un debate sobre la fortaleza de los mecanismos de control y auditoría de los procesos electorales. La acusación de una potencia extranjera como China subraya la importancia de reforzar la colaboración entre agencias estatales y federales, además de implementar cifrados y sistemas de detección de intrusiones más fiables.
Frente a estas denuncias, Trump insistió en la necesidad de revisar las políticas de ciberseguridad y de exigir mayor responsabilidad a quienes administran los registros de votantes. Solo con medidas coordinadas y tecnologías de protección avanzadas se podrá garantizar la integridad de futuros comicios y prevenir el acceso ilícito a datos tan sensibles como los de los electores.


