
Rescatistas y vecinos buscan sobrevivientes entre los escombros de un edificio derrumbado en Venezuela (Foto: Instagram)
La posibilidad de un aumento en la circulación de enfermedades como el sarampión, el dengue, la fiebre amarilla y la malaria en Venezuela ha despertado inquietud en expertos en salud pública. Estas patologías, que alguna vez fueron controladas en varias regiones del país, podrían experimentar un resurgimiento debido a factores relacionados con coberturas de vacunación, influencia climática y movilidad de la población.
El sarampión, una enfermedad viral de alta contagiosidad, había sido prácticamente erradicado en Venezuela gracias a campañas de inmunización sostenidas. Sin embargo, la disminución en las tasas de vacunación, ligada a problemas logísticos en la distribución de dosis y la falta de recursos en el sistema sanitario, podría facilitar su reaparición. El sarampión no solo provoca erupciones cutáneas y fiebre alta, sino que también puede derivar en complicaciones graves, como neumonía y encefalitis.
Por su parte, el dengue es una patología transmitida por mosquitos del género Aedes, cuyo incremento en los últimos años suele asociarse a meses de lluvia intensa y acumulación de agua estancada. La deficiencia en los programas de fumigación y la precariedad en la gestión de residuos urbanos facilitan la proliferación de criaderos de mosquitos. A medida que las temperaturas suben, estos insectos amplían sus periodos de actividad, lo que puede agravar la circulación de las cuatro cepas del virus del dengue y elevar la incidencia de cuadros graves, como el dengue hemorrágico.
En cuanto a la fiebre amarilla, una enfermedad para la que existe una vacuna altamente efectiva, la preocupación radica en la presión sobre los bosques y la expansión de zonas de riesgo. La transmisión silvestre de este virus por mosquitos ha estado históricamente confinada a áreas rurales y selváticas, pero la migración de personas hacia esas regiones y la deforestación han incrementado el contacto humano con reservorios naturales del patógeno. Si la cobertura vacunal urbana y rural no alcanza los niveles adecuados, puede producirse un salto a entornos periurbanos, con consecuencias imprevisibles.
La malaria, transmitida por mosquitos Anopheles, sigue siendo endémica en algunas zonas fronterizas de Venezuela, donde la falta de diagnóstico rápido y de suministro constante de antipalúdicos complica el control de la enfermedad. La combinación de climas tropicales, ausencia de programas de prevención eficientes y desplazamientos humanos masivos por razones económicas o migratorias crea un escenario propicio para la propagación. La malaria no solo ocasiona episodios febriles intensos, sino que, si no se trata a tiempo, puede desembocar en complicaciones renales o neurológicas.
Para enfrentar estas amenazas, es esencial reforzar la vigilancia epidemiológica, garantizar el abastecimiento de vacunas y medicamentos, y promover campañas de concienciación sobre la eliminación de criaderos de mosquitos. Asimismo, la cooperación entre organismos internacionales, autoridades sanitarias y comunidades locales resulta clave para recuperar la cobertura de vacunación y fortalecer los sistemas de atención primaria. La experiencia acumulada durante brotes previos demuestra que solo una respuesta coordinada y sostenida puede frenar el avance de estas enfermedades en Venezuela.


