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Carta de Jair evoca a Kafka y Shakespeare, mientras Flávio busca la presidencia

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Como es sabido, llevo tiempo trabajando en reinterpretaciones de clásicos de la literatura universal bajo la versión “Vivendas da Barra” —el ya mítico condominio donde residió el, bueno…, “Mito”. Ya he publicado en el mercado de las ideas literarias las releituras de “Los hermanos Karamázov”, de Dostoiévski, y de “La metamorfosis”, de Kafka —que, en este artículo, tendrá otra obra reinterpretada contra la oscuridad. Además, está en camino “El mercader de Venecia”, de Shakespeare, con una inesperada inflexión de “feminismo conservador”: imaginen aquí el emoji de asombro, que remite a “El Grito” de Munch.

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Kafka escribió “Carta al padre”, un texto devastador que hace que cualquiera prefiera la orfandad de la que habla Sartre en “Las palabras”. El filósofo y escritor francés perdió al padre cuando tenía apenas 15 meses. Reflexiona en su autobiografía, publicada a los 59 años, sobre esa ausencia paterna:

“Não tive pai: havia uma tábua de lei que caiu morta muito antes de eu poder conhecê-la, e não precisei lutar contra fantasmas nem me submeter a preconceitos. (…) A morte de Jean-Baptiste [o pai] foi o maior acontecimento da minha vida: devolveu-me à minha mãe e deu-me o direito de inventar a mim mesmo.”

En español:

“‘No tuve padre: existía una tabla de la ley que cayó muerta mucho antes de que yo pudiera conocerla, y no necesité luchar contra fantasmas ni someterme a prejuicios. (…) La muerte de Jean-Baptiste [mi padre] fue el acontecimiento más importante de mi vida: me devolvió a mi madre y me otorgó el derecho a inventarme a mí mismo.’”

El pasaje es inteligente y remite, a fin de cuentas, a lo que los existencialistas entendían por libertad total —sin “la tradición de las generaciones muertas que aplasta el cerebro de los vivos”, por citar a cierto barbudo que escribió sobre la historia como juicio. Es verdad que el abuelo materno, Charles Schweitzer, asumió el papel de padre, pero, según Kafka, su porte era más teatral que autoritario. Noten cómo alterno digresiones sobre personajes mucho más interesantes que aquella troupe de Vivendas… Pero debo volver a ella para continuar y, finalmente, disertar sobre la regresión que ha sufrido el país. Sigamos.

LA NUEVA CARTA DE JAIR
Jair Bolsonaro escribió, con su letra pequeña, torpe e irregular —ya se ha dicho que no tuvo entrenamiento para la escritura cursiva, pues coleccionaba armas y no Sermones de Padre Vieira—, una segunda carta a su hijo, reafirmando que Flávio es su candidato a la Presidencia. Fue divulgada por el propio Zero Um este sábado. ¡Vaya sorpresa!

Franz Kafka se vengó de Hermann Kafka con una carta parecida. Entregó en 1919 el manuscrito de 100 páginas a su madre, Júlia, quien lo ocultó a su marido. El hijo murió en 1924; el padre, en 1931; y el texto solo se publicó en 1952. El conflicto entre los Kafka resultaba casi bíblico:

“Já estava esmagado pela simples materialidade do seu corpo. Lembro-me por exemplo de que, muitas vezes, nos despíamos juntos numa cabine. Eu magro, fraco, franzino; você forte, grande, largo. Já na cabine me sentia miserável e, na realidade, não só diante de você, mas do mundo inteiro, pois para mim você era a medida de todas as coisas. Mas, quando saíamos da cabine diante das pessoas, eu na sua mão, um pequeno esqueleto, inseguro, despido sobre as tablas de madera, con miedo del agua, incapaz de imitar sus movimientos para nadar, que, con buena intención, pero, de hecho, para mi profunda vergüenza, no parabas de mostrarme —entonces, en esos momentos, me desesperaba y todas mis malas experiencias confl uían en gran estilo.”

Kafka se atrevió a describir la desnudez de su padre, algo estrictamente prohibido según el Levítico, aunque aquí la desnudez sea metafórica. En otro pasaje, observa que Hermann despreciaba sus escritos y trataba con desdén la llegada de un nuevo libro, prefiriendo entretenerse con la baraja. Sin embargo, ese era precisamente el instante en que, al menos una parte de Kafka, se sentía libre, aunque fuera una libertad desgarrada:

“Aquí, en verdad, me había distanciado con cierta autonomía, aunque me parecía un poco esa lombriz que, aplastada por un pie por detrás, se libera con la parte delantera y se arrastra hacia un lado.”

LOS BOLSONAROS
Puedo insistir, amigas y amigos, en la lectura tradicional: si hacen falta dos cartas para bosquejar, con esos garabatos, el flirteo del país con el caos, cabe inferir que la candidatura de Flávio enfrenta cierta dificultad incluso en la extrema derecha. Es el padre quien expone, a modo de lección, la vulnerabilidad de su hijo. Así engrandezco, aludiendo a un clásico literario, las dos “Cartas al hijo” que narran también la historia de un secuestro consentido.

“¿Secuestro consentido, Reinaldo?” Sí. La derecha brasileña dejó seducir por el bolsonarismo, prueba de ello es el discurso tardío de Ronaldo Caiado, que no ve en Flávio ni autoridad moral ni autonomía política —véase su asquerosa sumisión a los dictados de Donald Trump—, aunque no se atreva a descartar del todo la postulación, a pesar de que Lula y el PT le produzcan horror.

Asimismo, los llamados “mercáduz” y las entidades empresariales forman parte de estas pompas fúnebres de lo que fue hace tiempo un intento de articular un pensamiento liberal-democrático en Brasil. El asunto es tan miserable que las garabatos bolsonarianas tienen, ante todo, alcance doméstico: Jair tiene el mal gusto —¿por qué no lo habría de tener?— de dirigir su rudeza a Michelle, su cuidadora.

PARA TERMINAR, SHAKESPEARE
Que los Bolsonaro sirvan al menos de pretexto para los buenos clásicos. Michelle, obviamente, no es la madrastra malvada. Lean o relean “El mercader de Venecia”, de Shakespeare. Fíjense en el papel de Porcia: entra en el ambiente machista y da un repaso a la cuadrilla de Shylock. ¡Quién lo diría! La ex primera dama enfrentando a los mercaderes de la Zona Oeste de Río…

“Saiban: casi siempre las artes llegaron primero a donde se vive el horror y la maravilla. Siempre aparece aquel o aquella que dice: ‘Ahí vienen esos pseudointelectuales rojos…’ Pueden insultarme. Pero busquen leer. Aunque sea de forma clandestina. ¿Y sobre Flávio? ¿Qué decir? Sigue libre como la mitad sobreviviente de la lombriz.”

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