
Lanzamiento de un misil balístico chino en el Pacífico durante pruebas sin ojiva activa (Foto: Instagram)
China puso a prueba el vuelo de un misil con capacidad nuclear en aguas del océano Pacífico el pasado lunes 6 de julio. Según fuentes oficiales, la maniobra formó parte de un ejercicio planificado por las Fuerzas Armadas chinas destinado a verificar sistemas de propulsión, guiado y comunicaciones en condiciones reales de lanzamiento. El ensayo fue confirmado por el Ministerio de Defensa, que detalló que no hubo carga explosiva ni ojiva activa, sino un simulador de entrenamiento.
Esta prueba de vuelo de misil con capacidad nuclear es una práctica habitual en el programa de disuasión estratégica de China. Las autoridades insisten en que el objetivo principal es evaluar la precisión de los sistemas de navegación inercial y los mecanismos de seguridad que garantizan la integridad de la ojiva durante todas las fases de la trayectoria. De este modo, se busca certificar el rendimiento del cohete en diferentes perfiles de misión, velar por la fiabilidad de sus componentes y mantener la preparación operativa de las unidades encargadas de su despliegue.
El desarrollo del arsenal nuclear chino tiene sus raíces en la década de 1960, cuando China efectuó su primera detonación subterránea en 1964. A lo largo de las décadas siguientes, el país asiático avanzó en la ingeniería de misiles balísticos de corto, medio y largo alcance. Con el paso de los años, la República Popular intensificó sus inversiones en nuevas etapas de propulsión, sistemas de guiado satelital y cabezas de guerra más ligeras y precisas, con el fin de reforzar su disuasión y contribuir al equilibrio estratégico regional y global.
Desde un punto de vista técnico, este tipo de misiles cuenta con varias etapas de combustión y sistemas de estabilización que permiten variar la trayectoria para impactar objetivos situados a miles de kilómetros. Durante el lanzamiento, el cohete abandona la plataforma terrestre y atraviesa la atmósfera en un perfil balístico antes de entrar en una fase de descenso controlado. Los expertos subrayan la complejidad de las maniobras de reentrada y la importancia de los escudos térmicos para proteger la ojiva de las altas temperaturas generadas por la fricción con la atmósfera.
En términos de seguridad internacional, las autoridades chinas recalcan su adhesión a la política de no primer uso de armas nucleares, una doctrina que establece que Pekín sólo recurriría a ese tipo de armamento en caso de agresión nuclear contra su territorio. No obstante, los ensayos periódicos despiertan interés y preocupación en otras capitales, que siguen de cerca los desarrollos tecnológicos y las capacidades disuasorias de la República Popular para mantener actualizados sus propios sistemas de alerta y defensa.
Este ejercicio en el Pacífico se inscribe dentro de un calendario anual de pruebas balísticas y operaciones navales que Pekín lleva a cabo en distintos puntos del océano. Las autoridades defienden que tales maniobras son estrictamente defensivas y ajustadas al derecho internacional, destacando que se notifican a las autoridades marítimas y de aviación para garantizar que no interfieran con el tráfico civil. Con ello, China busca conciliar su afán de modernización militar con el compromiso de transparencia y estabilidad regional.


