Una clase práctica de rutina en el cielo de Argentina se convirtió en una escena de terror propia de una película y obtuvo gran repercusión. Una joven de 22 años vivió momentos de pánico después de que su instructor, Leandro Bertazzo, de 42 años, abriera la puerta de la aeronave y se lanzara en caída libre sin posibilidad de retorno.
El incidente tuvo lugar el pasado sábado 4 de julio a bordo de un pequeño Cessna C-150, una aeronave monomotor de ala alta ampliamente utilizada en escuelas de vuelo de todo el mundo desde la década de 1960. Ambos sobrevolaban la provincia de Córdoba a una altitud aproximada de 250 metros cuando se produjo la tragedia. Minutos después, el cuerpo del piloto fue hallado en una zona rural del municipio de Toledo, sin signos de maniobrabilidad ni de paracaídas.
Los relatos de los instantes previos son estremecedores. Eduardo Álvarez, director de la escuela Flying Parrot Córdoba, explicó que Bertazzo se giró hacia su alumna y pronunció una frase que ella aún recuerda con angustia: “Sabes lo que tienes que hacer, sigue adelante”. A continuación, el instructor se quitó los auriculares, apartó su teléfono móvil y empleó toda su fuerza para vencer la presión del viento y abrir por completo la puerta del avión.
A pesar del estado de shock, la joven demostró sangre fría y habilidades que superaron su corta experiencia práctica. Ya en posesión del brevê—término local equivalente a la licencia de piloto privado—, logró seguir los protocolos de emergencia. Inmediatamente se puso en contacto con la torre de control y con la tripulación de tierra a través de la radio. Guiada paso a paso por los responsables en tierra, realizó un aterrizaje impecable en la pista de Córdoba y salió de la cabina ilesa, pese al intenso impacto emocional.
La tragedia dejó al descubierto la importancia de los procedimientos de seguridad en la aviación de entrenamiento. Las escuelas de vuelo exigen a sus instructores y alumnos pasar revisiones médicas periódicas, incluidas evaluaciones psicológicas, para garantizar su aptitud física y mental. En este caso, una investigación preliminar realizada por la Justicia Federal de Argentina ha revelado que Bertazzo venía afrontando problemas de salud mental y había buscado atención psiquiátrica en fechas recientes. Este dato, según fuentes cercanas al expediente, no fue comunicado a la dirección de la escuela.
Las autoridades aeronáuticas locales, coordinadas por la Administración Nacional de Aviación Civil (ANAC), iniciaron un sumario para determinar si se incumplieron protocolos y si existieron negligencias en los procedimientos de selección y seguimiento de los instructores. También se analizarán los registros de la aeronave, la documentación de vuelo y las grabaciones del control de tráfico aéreo.
El Cessna C-150 es valorado por su robustez y su facilidad de manejo en vuelos de instrucción, con una velocidad de crucero que ronda los 200 km/h y capacidad para dos ocupantes. Sin embargo, como cualquier aeronave ligera, requiere de rigurosos controles antes de cada vuelo, así como la presencia de un instructor con la licencia y el estado de salud adecuados.
En los últimos años, los programas de entrenamiento de pilotos han reforzado los módulos de gestión de emergencias y salud mental, incluyendo talleres para identificar señales de estrés extremo o tendencias suicidas. A nivel global, las organizaciones de aviación civil recomiendan que los centros de vuelo establezcan canales confidenciales para que los profesionales comuniquen problemas personales sin riesgo a represalias.
El caso de Córdoba ha reabierto el debate sobre la supervisión de los instructores y la prioridad que las escuelas deben conceder al bienestar integral de quienes ocupan la cabina. Mientras la investigación sigue su curso, la alumna que aterrizó de forma heroica permanece bajo acompañamiento psicológico y ha recibido el apoyo de familiares y colegas. La comunidad aeronáutica de Argentina guarda luto por la pérdida de Leandro Bertazzo y reflexiona sobre cómo reforzar la prevención de tragedias en el aire.


