La primera presentación de Pierpaolo Piccioli al frente de la alta costura de Balenciaga se apoyó en una base técnica muy concreta. El desfile, celebrado el miércoles 8 de julio en la escalinata de la Cité Internationale Universitaire de París, contrastó deliberadamente con los ambientes oscuros y fríos que caracterizaron el trabajo de Demna, su predecesor. Las modelos desfilaron con trajes de colores vibrantes, confeccionados en zibeline de cuerpo pronunciado y con drapeados de gran dramatismo. La modelo Gigi Hadid cerró el espectáculo luciendo un capuz de plumas de gallo que cubría el rostro, los hombros y el busto, evocando la célebre creación de Cristóbal Balenciaga conocida como «El Repollo Negro», una de las piezas más icónicas de la maison por su volumen orgánico y su forma escultórica.
Antes de pensar en la silueta, Pierpaolo Piccioli centró su atención en el tejido. En octubre de 2025, al asumir la dirección creativa de Balenciaga, inició un estudio detallado del gazar, un material desarrollado en 1958 por Cristóbal Balenciaga en colaboración con el tejedor suizo Gustave Zumsteg, de la firma Abraham. La invención del gazar respondió a la necesidad de contar con una tela capaz de mantener volúmenes arquitectónicos sin perder ligereza.
El gazar se distingue por su estructura de doble urdimbre y doble trama, una técnica de tejido que otorga cuerpo a la prenda sin comprometer su soltura. Este carácter técnico permitió a Balenciaga confeccionar en 1967 el icónico vestido de novia que habría sido imposible de realizar con tejidos más maleables. La superficie lisa y el ligero lustre natural del gazar refuerzan su presencia escultural.
Piccioli siguió esta misma lógica al nombrar su versión Neo Gazar. A la estructura original añadió una trama de lamisé, un tejido en el que se combinan hilos de seda y de lana, lo que aporta un tacto más suave y un ligero brillo sin alterar el volumen intrínseco. Este desarrollo no fue un elemento aislado: el gazar ha acompañado el trabajo de Pierpaolo en Balenciaga desde su primera colección prêt-à-porter en octubre de 2025 hasta su debut en haute couture el pasado 8 de julio, reafirmando el firme compromiso de la maison con la innovación textil.
Al igual que Cristóbal Balenciaga revolucionó siluetas y materiales, la casa continúa su legado invirtiendo en Amsilk, una seda biosintética obtenida mediante biofermentación de precisión a partir del genoma de la araña, sin recurrir a organismos arácnidos vivos. Este material es 100 % proteico, biodegradable y libre de microplásticos. La biofermentación de precisión consiste en introducir las secuencias genéticas deseadas en microorganismos —generalmente bacterias o levaduras— que producen las proteínas de la seda durante su crecimiento en biorreactores. Amsilk tuvo su estreno comercial en enero de 2026, en la colección prêt-à-porter, y reapareció en la alta costura de Pierpaolo Piccioli.
Piccioli funde su paleta de colores saturados y su dominio de la confección de lujo con la herencia del streetwear de Demna y la arquitectura imaginada por el propio Cristóbal. Esta mezcla se plasma en camisetas con espalda abombada, camisetas de tirantes sobre faldas estilo balón, vestidos trapezoidales y abrigos de mangas extrabufantes. De este modo, el director creativo equilibra con naturalidad tradición e innovación, difuminando las fronteras entre alta costura y elementos urbanos.
El desfile evidenció una precisión técnica y un cuidado artesanal que remiten al legado del fundador. Cristóbal Balenciaga, hijo de pescador, aprendió a coser a los once años ayudando a su madre en el taller familiar. Coco Chanel afirmó en su momento que «solo Balenciaga es modista en el verdadero sentido de la palabra», mientras que Christian Dior lo presentó como «el maestro de la alta costura». Estas citas ilustran el respeto y la admiración que su trabajo suscitó entre sus contemporáneos.
Para esta puesta en escena, Piccioli buceó en los archivos de la maison en busca de ese rigor fundacional. «Cristóbal es quien inventó la moda tal y como la entendemos hoy», declaró el diseñador, que revisó patrones y bocetos históricos antes de retomar no solo el gazar, sino también la obsesión del fundador por concebir toda silueta a partir del cuerpo.
Esta no es la primera tentativa de Balenciaga por reconectar con sus raíces en la alta costura. Cristóbal cerró su atelier en 1968, rehusando comprometer la calidad artesanal ante el auge del prêt-à-porter. La casa regresó a la alta costura 53 años después, en 2021, bajo la dirección de Demna. La llegada de Piccioli supone, por tanto, el segundo capítulo de esta ansiada recuperación de su legado más puro.


