
Partidarios hutíes ante una pantalla con el retrato de su líder en Yemen (Foto: Instagram)
Esta semana, Houthis y Arábia Saudita volvieron a enfrentarse con bombardeos y disparos cruzados que han puesto en jaque el alto el fuego vigente desde 2022 en Iêmen. El intercambio de fuego tuvo lugar en varias zonas fronterizas y en áreas estratégicas del sur y centro del país, donde cada parte acusa a la otra de romper las condiciones pactadas. Este nuevo episodio de hostilidades amenaza con deshacer los avances logrados tras las negociaciones mediadas por Naciones Unidas.
Según informaciones recopiladas por observadores internacionales, los Houthis lanzaron proyectiles de artillería contra posiciones militares controladas por fuerzas leales al Gobierno reconocido por Arábia Saudita. En respuesta, la aviación de Arábia Saudita efectuó ataques aéreos contra supuestos bastiones hutíes en la provincia de Taiz y en algunas localidades de la gobernación de Maarib. Ambos bandos aseguran tener bajas enemigas, pero las cifras aún no han sido confirmadas por fuentes independientes.
El cese al fuego, en vigor desde abril de 2022, había supuesto una pausa significativa tras años de conflicto en Iêmen, donde la intervención de Arábia Saudita desde 2015 buscaba contener el avance del movimiento hutí, vinculado a Irán. Ese acuerdo contemplaba la reapertura de vías comerciales, la reanudación de los vuelos civiles y el intercambio de prisioneros. No obstante, las violaciones puntuales nunca se detuvieron por completo, y este resurgimiento de ataques podría desencadenar una escalada generalizada.
El conflicto en Iêmen se remonta a 2014, cuando los Houthis, una agrupación original de la región de Saada, se alzaron contra el Gobierno central y tomaron la capital Saná. La posterior coalición liderada por Arábia Saudita persiguió el objetivo de reinstaurar al presidente reconocido internacionalmente, desencadenando una crisis humanitaria de grandes proporciones. Desde entonces, decenas de miles de civiles han fallecido y millones han quedado desplazados o dependen de ayuda internacional.
Además de los enfrentamientos militares, la población civil sufre escasez de servicios básicos como agua, electricidad y atención sanitaria. Las organizaciones humanitarias advierten que la ruptura del alto el fuego complicaría la entrega de suministros esenciales y agravaría el riesgo de brotes epidémicos. El acuerdo de 2022 había allanado el camino para la entrada de convoys de la ONU y de ONG, lo que alivió en parte las necesidades más urgentes.
De cara al futuro, el mantenimiento del alto el fuego depende de la voluntad de los líderes hutíes y de Arábia Saudita para retomar el diálogo. La comunidad internacional, especialmente Naciones Unidas y la Unión Europea, insiste en la necesidad de reforzar los mecanismos de supervisión y en la reapertura de negociaciones políticas. Sin un compromiso firme de ambas partes, el escenario de paz en Iêmen corre serio riesgo de desmoronarse, prolongando una de las crisis más graves de la región.


